Hace mucho tiempo que deseaba mostrar mis agradecimientos a este tipo de colectivos. Muy especialmente porque precisamente sabemos de ellos cuando algo sale mal, sobre todo de los médicos.
En los tiempos que corren, nadie se para a ayudar a nadie, ya vemos atracar a alguien en la calle y miramos hacía otro lado. Vemos a un necesitado y lo único que se nos ocurre es llamar a la policía y que sean ellos los que se ocupen. Cada vez nos aislamos más y más.
Entre esta marea de personas aisladas corriendo de un lado para otro, sin preocuparse absolutamente de nadie que se cruce en su camino y pueda necesitar ayuda, hay gente que sí que corre para ayudar a otros, para salvarles la vida, para evitar que puedan hacerse daño o dañar a otros, para sofocar un fuego o para sacar a alguien de entre un montón de hierros, pensando en los síntomas que tiene para poder dar con su solución, luchando para poder cortar una hemorragia o para sacarlo de una parada cardiorespiratoria.
Hay personas que realmente merecen que se llene un estadio de fútbol con miles de personas aplaudiéndoles y viven muy cerca de nosotros y las tratamos diariamente.
Y sin embargo, sólo nos acordamos cuando les sale algo mal, cuando se les muere un paciente, olvidándonos de todos los que han salvado. Cuando disparan y matan a alguien, sin acordarnos de todas las veces que han salvado la vida a otros aún a riesgo de perder la suya. O sin acordarnos del trabajo diario para mantener el orden en esta frenética lucha por el dinero (hace tiempo hubiera dicho por la vida, pero ahora sólo es por dinero).
También les solemos echar en cara el tiempo que han tardado en acudir en auxilio, sin pensar en lo mal que aparcamos o estacionamos, interrumpiendo la circulación.
Yo desde aquí, consciente de lo mucho que les necesito y lo mucho que les debo, esperando eso sí, no verlos nunca y si los veo, que sea de brazos cruzados, LES DOY LAS GRACIAS POR LA LABOR TAN IMPORTANTE QUE REALIZAN. Y les doy mi apoyo incondional y respeto total.